Viernes Santo 2020����������������������������������������������������������������������� Homil�a del Padre Mark

"No tenemos un sumo sacerdote que no sea capaz de compadecerse con nuestros sufrimientos, puesto que el mismo ha pasado por las mismas pruebas".

Nos enfrentamos a una prueba. �Una prueba medical para el coronavirus? Tal vez. Pero una prueba m�s grande. Una prueba m�s profunda.

Algo impuls� a San Francisco de As�s a abandonar toda la seguridad que ten�a. Podr�a haber vivido una vida estable y bien alimentada. �l vino de una familia pr�spera. Todos esperaban que se casara bien y tomara su lugar en la sociedad, que viviera sus d�as con mucha comida y sin preocuparse de d�nde vendr�a su pr�xima comida.

Pero algo lo impuls� a abandonar eso, a saltar del avi�n, por as� decirlo. Francisco prefer�a la incertidumbre. Se enamor� de no tener nada. No encontr� ninguna alegr�a en una despensa bien surtida, as� que le dio la espalda.

La prueba es esta: puedo morir. M�s bien: morir�, y tal vez muy pronto, incluso antes de que jueguen otro juego de f�tbol o baloncesto. Y tampoco una muerte delicada y teatral. Una agon�a dura, abrasadora y sedienta.

La prueba es: Afronta esto. De lleno. La muerte tiene el mundo entero en sus manos. Siempre lo ha hecho, en realidad. Al final, todos contraen el virus, tarde o temprano, si por virus queremos decir: morir. La prueba es: Afronta ese hecho completamente, ahora mismo.

�Qui�n parpadear�? �Yo? O el miedo? �Qui�n retroceder� en esta confrontaci�n? �Y qui�n conquistar�?

"Como Cristo." �Qu� significa eso? Amaba la vida, amaba a sus amigos, no deseaba violencia ni sufrimiento para nadie, incluido �l mismo. Pero lleg� la hora; El esquema obscuro de los �ngeles ca�dos lo rodeaba. Y no ten�a miedo.

�El mundo no lo necesita en este momento? La raza humana nunca ha necesitado a Jesucristo m�s. Necesitamos su gracia serena como nunca lo hemos necesitado, en toda la historia registrada. De todos los cap�tulos en todos los libros de historia, este que estamos viviendo ahora clama por Jes�s de Nazaret como ning�n otro cap�tulo lo ha hecho.

Somos sus embajadores. Propuls� a San Francisco y llen� el coraz�n del peque�o santo de amor por esta prueba. El trovador de As�s disfrut� la oportunidad de mirar sin pesta�ear la muerte. Jes�s tambi�n nos empujar� fuera del avi�n: paracaidismo con solo fe como paraca�das. Y el miedo perder� este concurso de miradas.